Alienación Parental

Cuando una pareja decide divorciarse o, simplemente, opta por la separación, uno de ellos tendrá que ejercer la tenencia y el otro un régimen de visitas de los hijos menores de edad, en caso de que no exista un mejor acuerdo, como el que significa la tenencia compartida, cuyas características y ventajas ha venido destacando la doctrina y la jurisprudencia en los últimos tiempos (6)
Cualquiera que haya sido la fórmula de la separación y los matices legales optados, si la pareja en cuestión se encuentra envuelta en una relación nociva en la que cada uno pugna por el cariño de los hijos y proceden a disputárselos cual si fueran un trofeo de guerra, entonces podemos hablar del fenómeno de la Alienación Parental, manifestado –como se ha dicho– en la “intención expresa de un progenitor, a cargo de la tenencia del menor, por enfrentar a éste en contra del otro, de modo que el hijo llegue a elaborar una actitud de enfrentamiento injustificado con aquél” (7) , con el sólo objetivo de “castigar” al otro progenitor sin mayor excusa que la innoble actitud de hacerle sentir “culpable” y aparecer frente a los hijos como “víctima” de la separación.
Este fenómeno puede manifestarse en una interferencia en el régimen de visitas y acceso al menor (o menores) beneficiado/s (8) con el citado régimen. Al materializarse la influencia del SAP en los niños se va creando un sentimiento de “desgarramiento y desunión, un sentimiento de alejamiento, alienación, enajenamiento y desposesión”, dice Ferrater (9), creándose en el menor una percepción que lo hace concebir como propios los actos del progenitor alienador y “el hijo se reviste de una personalidad que cree autoelaborada, de tal suerte que resulta impermeable a las influencias de los demás, dotándose de todo aquel recurso necesario para mantener su sistema de valores y creencias con objeto de aislar las posibles influencias” (20) .
En la dinámica del SAP, los roles son: el progenitor amado o “alienador”; el odiado, como “alienado”, y el hijo, que vendría a ser la “víctima” del SAP.
Larga es la lista de niños y niñas a los que se les escucha hablar muy mal de uno de sus progenitores y –en contraposición a ello– hablar “demasiado bien” del otro, tanto es así que, al preguntarles sobre las cosas buenas que pueden obtener del progenitor alienado, siempre hay un “pero” que lo desvirtúa; es decir, no filtra a través del relato de estos niños, ningún reconocimiento de actitud loable en el progenitor alienado, tan sólo errores, torpezas, maltratos, etc.
Para los operadores del derecho familiarizados con esta problemática no es difícil detectar casos como el descrito y, por lo mismo, nos preocupa y alarma, por las consecuencias que luego trae en el normal desarrollo de estos niños que, a temprana edad, son protagonistas de situaciones de tensión y enfrentamiento entre sus padres; niños que albergan sentimientos degradantes en su interior, que “crecen” muy temprano en la acumulación de sentimientos nocivos, más propios de los adultos. Los menores en cuya psique se ha instalado el fenómeno de alienación parental muestran un odio sin ambivalencias, sin fisuras y sin concesiones hacia el progenitor alienado; contrario sensu hacia
el amado, se inclina toda práctica, palabras y actitudes justificativos y benevolentes.
El comportamiento es extremo en ambos casos, lo cual no es normal. Las relaciones interpersonales, como sabemos, no son de ordinario, absolutamente buenas o  bsolutamente malas, siempre tendrán matices propios del ambiente, del estado de ánimo, de la situación coyuntural por la que se pase, por lo que las características de la alineación muestran claramente su rasgo patológico.

Centrándonos en el segundo supuesto de la norma glosada (cuando no hay acuerdo), el juez –al resolver el otorgamiento de la tenencia para un progenitor– deberá fijar necesariamente un Régimen de visitas para el otro progenitor, siempre teniendo presente lo que sea más beneficioso al niño o adolescente. Por tanto, dentro de un proceso de Tenencia o Régimen de Visitas, el operador jurisdiccional deberá evaluar en conjunto las pericias psicológicas, psiquiátricas, psicosomáticas a los menores, visitas sociales,
declaraciones de las partes, declaraciones testimoniales y todo el caudal probatorio que se haya ofrecido oportunamente, que solicite el Ministerio Público o que ordene de oficio, así como la entrevista con el menor sub-litis, medios actuados dentro de la audiencia única en la que participa el fiscal de familia, quien luego emitirá dictamen previo a la sentencia.
Ahora bien, como ya lo hemos manifestado, el Síndrome de Alienación Parental surge, básicamente, en medio de la disputa entre los progenitores sobre la tenencia de los hijos y es el inicio de una campaña sistemática de desacreditación del progenitor que ejerce la tenencia de los hijos hacia el otro progenitor, hasta convertirlo en el odiado, sin justificación alguna, con el único propósito de alejarlo del medio familiar y evitar el contacto con los menores, todo lo cual trae consecuencias fisiológicas, psicológicas y sociales en los niños.
En este escenario, y en procesos en los que podamos detectar su incidencia, considero que debe solicitarse al equipo multidisciplinario del módulo de familia una evaluación que determine en forma específica y expresa si los menores sub-litis son víctimas de Síndrome de Alienación Parental, una evaluación a los padres en cuanto a su tendencia a la manipulación, y de concluir los peritos en que efectivamente hay un padre manipulador y un niño manipulado para enfrentarse al otro progenitor, éstos deberán ser sometidos a una terapia psicológica que ordene el Juzgado.
Entonces, el juez y el fiscal tendrán un elemento objetivo más que coadyuve a un pronunciamiento integral y justo, valorándose en su real dimensión la conducta del progenitor alienador, teniendo presente que esta conducta manipuladora y egoísta, en ningún caso será favorable para el menor de quien se solicita la tenencia o el régimen de visitas (o variarlos).

Ahora bien, los especialistas recomiendan que, en un contexto de Síndrome de Alienación Parental, lo más sano es no romper el contacto de los padres “alienados” con los hijos, toda vez que como se ha dicho, las campañas de descrédito en contra de aquel progenitor alienado siempre son injustificadas y se basan en argumentos triviales y absurdos.
Finalmente, sabemos que el divorcio o la separación de los padres per se no constituyen la ruptura de la familia, ni son los detonantes del largo sufrimiento de los hijos, si bien en el momento en que se produce tal situación habrá siempre una fuerte carga emotiva entre los integrantes del núcleo familiar que puede durar unos meses, no tiene porqué tener repercusiones prolongadas en el tiempo en la conducta de los niños, quienes tienen gran facilidad de adaptación. Si el caso cobra carácter judicial, en cambio, corresponde
a los operadores del Derecho identificar la presencia del Síndrome de Alienación Parental y, a partir de allí, evitar en lo posible las consecuencias perjudiciales que pudiera tener en el menor involucrado.

(6)Aguilar Saldivar, A., Tenencia Compartida,
Revista JUS Doctrina y Práctica, p. 169-174.
(7)Aguilar Cuenca, Aguilar Cuenca, J.M., S.A.P Síndrome de alie-
nación parental –Hijos manipulados por un
cónyuge para odiar al otro, p. 21. 2.a edición,
Editorial Almuzara, Córdoba (2005). p. 23
(8)El régimen de visitas que se fija “a favor del pa-
dre” es, en principio, que duda cabe, fundamen-
talmente a favor de los menores involucrados
en el proceso de separación de los padres, ellos
tienen derecho de alternar con sus dos progeni-
tores como parte de su normal desarrollo.
(9) Ferrater Mora, J., Diccionario de Filosofía,
Alianza Editorial, Madrid (1990).
(10)Aguilar Cuenca, JM, ob. Cit., p. 24
(11)Aguilar Cuenca, JM, ob. Cit., p. 24
www.fact.on.ca/Info/pas/gardnr01.htm

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